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lunes, 18 de mayo de 2015

Ese maldito folklore

Hace tiempo que quería escribir sobre lo que en el mundillo del fútbol se conoce y se celebra como "folklore". Bajo ese mote se han escondido infinidad de afrentas y agresiones. Ese escudo ha erosionado los límites entre lo que es algo pintoresco y divertido y algo que está mal. Pobres los Larralde, Palavecino, Guarany, Atahualpa y tantos otros. Aquellos del folklore genuino. Del que hace sentir orgullo a más de uno. ¿Qué tienen que ver ellos con esta aberración en la que hemos convertido el fútbol? La soberbia de los argentinos nos hace creer que nuestro sentimiento es único y más especial que el que tienen hinchas en otros países. Sólo nosotros sabemos interpretar y vivir el fútbol. Y es por eso que acá la pasión a veces se nos va de las manos. Qué estupidez.


Lo que pasó el jueves pasado en la cancha de Boca es tan solo una muestra más. Los imbéciles otra vez dueños del show. Esos falsos hinchas no mantienen el fútbol, sino que viven de él. Somos nosotros, los hinchas genuinos, los que pagamos entradas, camisetas y diarios y alimentamos el negocio. Y por más de que nos escandalicemos y nos rasguemos las vestiduras, lo del jueves fue tan solo un caso más. Va más allá del color de la camiseta. Algunos de River que se quieren despegar del episodio, olvidando que en la cancha de River ocurrieron también cosas reprobables. Que en Córdoba entraron otros imbéciles a golpear a los jugadores. O que los barras se pelearon ¡en la confitería del club! Incidentes hubo y hay en todas las canchas. Agresiones a dirigentes. Agresiones a hinchadas rivales. Emboscadas. Internas de barrabravas. Zonas liberadas. Me acuerdo que incluso un hincha de Banfield ingresó a la cancha con un arma de fuego. La lista es interminable y lamentable... Y "siga-siga". 

Recuerdo también la primera vez que mi viejo me llevó a la cancha de River. Íbamos con mi hermano. Entramos al predio y el corazón me latía cada vez más fuerte. Veía por algunas rendijas entre la arquitectura del estadio el verde césped iluminado, y me emocionaba tanto que me tropezaba con los altos escalones de esa interminable escalera. Hasta que entramos a la tribuna y ahí estaba. Ese marco imponente e increíble. Era un partido de la Libertadores contra un equipo creo que ecuatoriano. No importaba. No me olvido más de ese momento mágico. Me acuerdo de muchos domingos escuchando partidos por radio tomando mate con mi viejo y mi hermano, yendo a la cancha, disfrutando victorias y sufriendo derrotas. En la cancha te podías abrazar con un completo desconocido, pero a quien sabías hermano del alma. Ver a mis ídolos jugando. Emocionarme. Esta lista de cosas lindas que he disfrutado del fútbol también es interminable. Es ni más ni menos que lo que hace que uno se siga ilusionando, alegrando y amargando. Perdona todo. Se banca todo. Deja que todo "siga-siga".

Como dice Eduardo Sacheri, para un argentino la desgracia ajena se disfruta más que la gloria propia (la canción tan festejada de "Brasil decime que se siente" no incluye la palabra "Argentina" en ninguna de sus líneas). ¿A nadie le parece esto un acto de mediocridad? Festejar que otro perdió y no fuiste vos el que le ganó... Me acuerdo cuando era chico (muy chico) y jugaban equipos argentinos la Libertadores. Cuando jugaban contra equipos brasileros o extranjeros, queríamos que ganaran. Teniendo amigos de otros clubes, lo normal era querer que ellos disfruten y tengan una alegría, antes que la algarabía fuera a parar a desconocidos hinchas de equipos extranjeros. "Los equipos argentinos"... Con Boca era quizás con el único que no pasaba eso (como hincha de River, queríamos que perdiera). Pero no recuerdo festejar goles de algún rival de Boca. Eso dejó de ser así hace mucho. Antes no había afiches, ni memés, ni redes sociales. El fútbol no era tan mediático. Todo pasaba por la charla de café en la oficina, con los amigos del colegio o del club. No había tanto odio (camuflado de rivalidad). Hoy se festeja tanto un gol propio como un gol de cualquier equipo al eterno rival. ¿De dónde sale tanto odio? El miedo a perder se está devorando al fútbol argentino. Y especialmente al superclásico. ¿En qué momento ganar como sea se transformó en un leitmotiv?. Pánico al error. Exceso de nervios. Exceso de declaraciones. Exceso de chicanas. Pierde el espectáculo (el genuino, no el de conventillo). La magia desaparece. 

¿Cómo llegamos a esto?
Todos somos responsables. Al síndrome argentino de "festejar la desgracia ajena" hay que sumarle el otro no menos patético que pregona que "la culpa siempre es del otro". Entonces nadie se hace cargo.

Los dirigentes (clubes + AFA) mostraron estar en connivencia con los barrabravas en innumerables ocasiones. No se pueden entrar banderas de más de 2 m2, pero entran. No se pueden entrar bengalas, pero se entran. Hay derecho de admisión, pero no se ejerce. Barras que venden entradas en la puerta del estadio. Negocios multimillonarios de trapitos. Dirigentes entrelazados con la política. Echan culpas a todos y a nadie. Ya vimos lo que pasa cuando algún dirigente se quiere oponer a este negocio establecido: sale eyectado. Señores: los barrabravas no son hinchas. El club es de los socios, no de esos tarambanas.

Por otro lado están los políticos y la gente responsable de garantizar la seguridad (de los protagonistas y de los hinchas de verdad). El garantismo se va a llevar puesto a este país. Hay derechos humanos, pero también hay deberes. Reprimir cuando alguien está haciendo algo en perjuicio de otros es algo necesario. Sólo por citar el caso del jueves, reprimir a los que tiraban botellas a los jugadores hubiese sido lo correcto. Y no, armar un túnel de escudos para que salgan los jugadores como si fuesen reos. Reprimir eso no los convierte en genocidas. No tiene nada que ver.

También es responsabilidad de los jugadores y técnicos, cuya irresponsabilidad a la hora de declarar y provocar a la gente con gestos desde dentro de la cancha (taparse la nariz al entrar a la Bombonera, hacerse los que tienen frío en el Monumental) es absolutamente reprobable. . Gozar una vez que se terminó el partido, una de las peores bajezas de un deportista. ¿Desde cuándo se volvió tan necesario "calentar" un superclásico? ¿No es suficiente la gloria deportiva, la motivación de querer vencer al otro dentro del campo de juego? Se habló mucho de guerra. Ahí están las consecuencias.

Otro enorme responsable de esto es el periodismo. Siento que todo empezó a pudrirse feo cuando arrancaba Tribuna Caliente y ese periodismo basura que ha hecho tanta escuela. Polemizar, polemizar y polemizar. Generar el punto y el contrapunto todo el tiempo para lograr un puntito más de rating, o vender un diario más, o tener una primicia aunque no esté comprobada la noticia. Preguntarle a un jugador que piensa del otro y luego ir a buscar a ese otro para contarle lo que habían dicho de él y ver qué le respondía. Pactos con jugadores para que les cuenten intimidades del vestuario. Hablar tanto de los arbitrajes. A veces pienso que la tecnología no ingresa al fútbol porque si se redujeran las polémicas, muchos medios se quedarían sin contenido. Ojalá alguien hablara de lo vergonzoso que es muchas veces el periodismo. Hacer notas irrelevantes de cosas que ni deberían llegar a los diarios. Fogonear tanto las cargadas. No respetar nada. Olvidarse que atrás de los protagonistas hay personas y familias.

Y finalmente, y no menos importante, nosotros también somos responsables. Somos responsables al echar leña al fuego. Al darle de comer al periodismo basura. Al comprar entradas en una reventa. Al gozar tanto tras la derrota ajena. Pero la saña indiscriminada hace mal. Hay que ponerse en el lugar del otro y respetar el sufrimiento (deportivo, claro está). Porque la próxima vez nos va a tocar a nosotros. El dolor de una derrota ya es lo suficientemente grande como para que a uno se lo anden recordando, más allá de esos cafés de oficinas o charlas con amigos. Somos responsables al ser hinchas de "la hinchada" y festejar a los violentos o aplaudirlos. O Cantamos "Boca te vamo' a matar", "River no te vas", "XX, hijo de p.., la p... que te p...", con odio en nuestros rostros (alguien me explicará algún día por qué se para el partido si hay un canto xenófobo, pero cuando hay insultos hacia jugadores, árbitros o el rival no; ¿será que si es entre argentinos se puede?). 

El otro día vino mi hijo (5 años) del colegio diciéndome que se había peleado con un amigo porque era de Boca. Que no se podía ser amigo de Boca si uno era de River... A odiar también se enseña y se aprende. No sirve de nada que después subamos una foto con un chico de River y uno de Boca abrazados, y después subamos fotos en las redes sociales enseñándoles a nuestros hijos a cargar a River o a Boca (después del 5 a 0 del verano, o ahora el caso inverso). A decirles que vayan al colegio y le digan que el otro club es basura. Eso no es folklore.

¿Cómo salimos de esto?
Asumiendo nuestra cuota de responsabilidad y haciendo lo que tenemos que hacer. Hay que volver a trazar los límites, que ya están demasiado desdibujados. Dicen que el fútbol es el reflejo de la sociedad. No es menos cierta la relación opuesta. Purifiquemos el fútbol y que eso luego rebalse en la sociedad. Seamos protagonistas. Esta semana me di cuenta que somos muchos más los que queremos y creemos en esa magia del fútbol. No permitamos que nos la roben. Hay que volver a trazar los límites. No seamos "hombres masa", respondiendo ataque por ataque y haciendo "lo que hacen todos". Hagamos un esfuerzo y recuperemos nuestra individualidad. Pensemos si lo que vamos a hacer suma o no. Aprendamos a separar la inocencia y una broma inteligente de cosas que sólo generan más odio. Celebremos las bromas inteligentes, cuando se hacen con respeto y cuando sabemos que a quien se las hacemos lo interpretará así. 

Tuve que soportar que hinchas me digan que yo le pegué a mis jugadores, que les tiré maíz, que rompí mi cancha. No, señor. Esos son imbéciles con los que no me identifico. Sí me identifico con River y su historia deportiva (descenso incluido, sí). No consumamos periodismo basura. Periodistas: investiguen a los barras, investiguen a los dirigentes. Denuncien. Hablen de fútbol todo lo que quieran (de eso no nos vamos a cansar nunca). Ayuden desde su lugar. Sumen, no resten.  

Necesitamos recuperar el fútbol. Porque necesitamos recuperar nuestra sociedad.

martes, 16 de julio de 2013

Chau, Ariel. Hasta siempre. Gracias por todo.


No me conocés. No me viste nunca en tu vida. Paradójicamente, yo sí te conozco. Cómo no conocerte, si crecimos juntos… Con los ídolos, la relación es así. Uno siente que si se lo cruza en un pasillo, lo saludaría como quien saluda a un familiar o a un amigo de la infancia. Por eso, siento que nos conocemos.
 
No tenés idea lo que generaste en tantos otros como yo a lo largo de todos estos años. En mi corazón rojo y blanco, el lugar más grande te lo ganaste vos. Ese lugar especial se lo birlaste a Enzo, a quien también lo tengo en el olimpo de mi alma. No hay muchos más… Al menos, no compartiendo ese status de ídolo contemporáneo, carismático, sencillo y humilde que arranca sonrisas con el sólo hecho de entrar a una cancha de fútbol o de pararse frente a un micrófono. A futuro, es prácticamente imposible que alguien te  pueda arrebatar ese lugar de privilegio. A decir verdad, el fútbol sin tu alegría ya me empieza a dar un poco de tristeza. Quizás sea la edad, vaya uno a saber.
Tengo enormes y muy gratos recuerdos de toda tu carrera. Tus primeros pasos con esos enganches de hasta tres o cuatro por jugada antes de tirar un centro. Tus goles en la Bombonera. Un golazo a Talleres de Córdoba en el Monumental. Asistencias a Enzo y a Crespo. El golazo a Ferro luego de que nos pasara por encima la Juve en la final de la intercontinental. La libertadores 96 completa. Valencia, Sampdoria, Parma, Fenerbace, Independiente Rivadavia. Verte con los colores de Newell’s fue raro, pero igual me alegré por vos. All Boys y Defe. Aquel gol a San Lorenzo relatado por Lito me hace emocionar cada vez que lo veo.
 
Me acuerdo también estar en la cancha el día que jugábamos contra Racing y Ramón te quería sacar. No saliste y se armó revuelo. Gracias a la viveza del Diablo Monserrat se resolvió sin mayores discusiones. Era como si supieras que ese día River, como tantas otras veces, te necesitaba. Te quedaste en la cancha y la descosiste. Toda. Goles y enganches made in Ortega. Me acuerdo también el día del 3-0 en la Bombonera. Víctor Zapata, ya de noche y consumada la fiesta, contaba cómo vos organizabas todas las jugadas por medio de chiflidos, marcando el tiempo para que nadie hiciera una de más. Me acuerdo también de la selección. Los mundiales. El penal a Van der Saar que no fue… Vaya uno a saber por qué… Era más fácil que te cobren penal a vos que nos dieran el gol con la mano de Diego en el 86´… Pero la historia quiso que no fuera. Más acá, recuerdo también que la última vez que salimos campeones fue gracias a tu magistral aporte. Buonanotte hizo como 12 goles de tu mano. El campeonato siguiente se fueron Carrizo y vos y salimos… últimos. Fue el principio del fin…
También me acuerdo, no sin dolor, de la parte triste de tu vida. La prisión emocional de Turquía. Los problemas fuera de la cancha. Los periodistas disfrutando el escarnio público. Esos mismos que tantas veces se llenaron la boca elogiándote. Y la gente mal intencionada que se olvidaba que atrás del Burrito-jugador, hay un Burrito-persona. Que tiene una familia por detrás. En Argentina, la desgracia ajena se disfruta por sobre la gloria propia. Pero si en algo se sustenta la idolatría, es en la incodicionalidad. Eso explica que en esta etapa el vínculo se hiciera más fuerte. Durante esa etapa en el ostracismo (con la prohibición de la FIFA para  jugar) me acuerdo de buscar ansioso la noticia que más tarde llegaría. Esa que decía que se arreglaba la suspensión y podías volver a jugar.
Los vaivenes siguieron varios años más. Y nos fuiste acostumbrando a la ruleta emocional, pasando de la euforia a la amargura con tan solo una foto de algún imbécil vanagloriándose de encontrarte de rodillas, tras un nuevo tropezón. Y lo futbolístico pasó a un segundo plano. Los que te queremos, queríamos verte bien. Feliz. Sin importar que  no pudieras regalarnos más gambetas.
El sábado te despediste. Como tantas veces. Pero en las anteriores sabíamos que en algún momento ibas a volver a casa a deleitarnos con tus amagues. “Se va uno de los últimos grandes ídolos”, rezaba una placa. Me hizo dar cuenta que este fútbol argentino en constante emergencia nos está dejando sin una de las cosas más lindas que tiene el fútbol: nuestros ídolos. Verón nos regalará otro semestre. A Román no le queda mucho. Me cuesta imaginarme tipos que jueguen tanto tiempo y tan bien en nuestro fútbol vernáculo. El fútbol argentino no sale de terapia intensiva. Y nadie parece darse cuenta. Hace  poco veía gente llorando por un descenso. No la entiendo. Es un momento duro y amargo, pero no para llorar. Si llorás por algo así, es  evidente que en tu vida nunca te pasó nada doloroso en serio. Yo no lloré cuando nos fuimos a la B. Tenía bronca, sí. E impotencia. El sábado, en cambio, no pude contener las lágrimas. Veía tus canas en esa cara que parece siempre de veinte años. Ese mentón salido, producto de tanto reirte y sonreir. Siempre con buena onda. Admirado y querido por pares, y muy respetado por rivales. Nunca te la creiste. Nunca un comentario de mala leche. Amigos en todos los clubes. Dejando una impronta en la gente a la que te rodeó. En eso también sos ídolo. Porque nunca dejaste de ser Ariel de Ledesma.
No estoy para juzgar qué cosas hiciste bien o mal. No me interesa ni tengo autoridad alguna. Demostraste que sos humano como todos y como ninguno a la vez. Si no hay grandeza en caerse, sí la hay en levantarse.

Es por eso, Ariel querido, que sólo quiero decirte GRACIAS. Y de corazón te deseo que vivas mucho tiempo más y puedas disfrutarlo con tus seres queridos. A los que vos querés, obviamente. Porque los que te queremos somos tantos que no te alcanzarían ni cien vidas para estar un minuto con cada uno de nosotros.
 
 

miércoles, 27 de julio de 2011

Argentina en la Copa América o Crónica de una Muerte Anunciada

Aburre escribir sobre lo mismo, así como aburre leer sobre lo mismo. Por lo que voy a tratar de hacer un repaso lo más rápido posible de algunos de los conceptos que dejó la reciente Copa América.
Lo de Argentina fue un rotundo y rimbombante fracaso deportivo (sobre la organización no voy a emitir opinión ya que no estoy lo suficientemente informado).
Jugó cuatro partidos, empatando tres y ganando uno sólo, ante el débil combinado sub-22 de Costa Rica, invitado para reemplazar a Japón luego del lamentable terremoto que ocurriera en aquel país.
Termina el partido con Uruguay y la historia se repite por enésima vez: desazón, desconcierto, llanto, caras mirando al piso como buscando una mirada cómplice que dé un signo de aprobación o una explicación... Mirada cómplice que no aparece, porque casi ninguno se anima a tener la frente en alto. Todos miran el piso. Nuestro piso...
Horas más tarde, el partido queda atrás, la autocrítica se declara ausente y el hincha pide la cabeza de Don Julio. Decía Camile Sée: "La historia se repite, pero lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan".
Hoy, Batista ya no es más el técnico de la selección. Demostró no estar a la altura de las circunstancias. Todavía ignorando las convocatorias compulsivas y el papelón del seleccionado Sub-25 que jugó en Nigeria, su alejamiento es una decisión acertada.
Algunas de las funciones del técnico son: elegir los jugadores, pararlos en la cancha, transmitir una idea de juego y formar un equipo, trabajando la confianza. La confianza es clave en todo deporte. Después viene además el planteo de un partido o el análisis de un rival o el trabajo con la pelota parada.
En cuanto a la elección de los jugadores, Checho acertó en parte. El consenso futbolero y la prensa arman el 80% del equipo. La mano del técnico tiene que aparecer sobre ese 20%. Checho había elegido dejar afuera a Tévez. Luego cambió de dirección y, no sólo lo convocó, sino que lo puso en su once titular, repitiendo el error de Diego en Sudáfrica, donde Carlitos (de gran corazón) tampoco funcionó, más allá de sus goles contra México. Parecería claro que faltaron defensores, o al menos defensores de jerarquía. Fue bochornoso lo de Milito y Burdisso haciendo faltas innecesarias a un Suárez de espalda a 40 metros del arco, sabiendo que cada pelota parada de Uruguay era 3/4 de gol. Quizás faltó también algún mediocampista (reconozco que tengo debilidad por Lucho González y no vi un jugador entre los convocados que jugara de número ocho mejor que él). 
En cuanto al posicionamiento del equipo, Checho falló en mayor medida. Por nombrar solo tres ejemplos, voy a referirme a Tévez, Messi y Lavezzi. Tévez no jugó de lo que juega en Manchester City. Messi, hasta el partido con Uruguay (el de CR fue un entrenamiento), no jugó en la posición que más rinde (uno contra uno o uno contra dos cerca del área). Lavezzi (que hizo que Cavani se cansara de hacer goles en Napoli) jugó por la derecha pero sin un 9 que hiciera de Cavani. 
En cuanto a la idea de juego, creo que pierdo el tiempo si me dedico a fundamentar el postulado que Argentina no sabe a lo que juega. De esto hace por lo menos cinco años (Basile-Maradona-Batista). Me cuesta recordar alguna subida de alguno de los laterales que terminen en un buen centro, sólo por nombrar un ejemplo.
Por último, la confianza... ¿Qué confianza pueden tener Higuaín o Aguero si siempre se los discute? Una cosa es pelear el puesto. Otra cosa es que se discuta constantemente si tenés que estar. Batistuta fue titular indiscutido por varios años, más allá de que pasaran partidos sin que hiciera un gol. Aquí es donde el técnico puede apostar un poco más a un jugador, incrementando su confianza. Clara muestra de la falta de confianza se vio en los penales. Salvo Messi (confianza absoluta en sí mismo), todos estuvieron cerca de errarlos. Mascherano (el supuesto gran capitán) es una sombra del jugador que fue, haciéndose expulsar de manera totalmente irresponsable.
En definitiva, improvisación en su máxima expresión. Los resultados de la improvisación están hoy a la vista de todos.
Lo de Uruguay fue lo más destacado. Sabiendo a lo que jugaba, con un verdadero equipo (donde cada uno entiende su rol a la perfección) y con individualidades que aparecieron en su mejor versión (me fascinó Lugano), se coronó nuevamente en suelo argentino. Es cierto que algo de fortuna ha tenido (en el Mundial y en la CA), pero a la fortuna hay que ayudarla.
Lo de Paraguay fue pobre. Bajó su nivel respecto del Mundial Mereció perder con Brasil (ok... el pasto estaba mal, pero un jugador profesional tiene que poder sobreponerse a esto) y mereció perder con Venezuela. Se comió una goleada categórica en la final, como Argentina con Brasil hace no mucho...
Venezuela y Perú, muy bien. Habrá que demostrar que no es casualidad.
Chile y Colombia creyeron que estaba para más, pero los partidos no se ganan en los papeles.
Mexico demostró que poco le interesa esta copa y Costa Rica, Bolivia y Ecuador mostraron que van a tener que mejorar mucho si quieren subirse a la próxima aventura mundialista.

jueves, 7 de julio de 2011

River Plate, tu grato nombre

“Perdón por hacerte hincha de River” me espeta mi viejo momentos después de que la pérdida de la categoría es un hecho consumado. Me doy vuelta y miro a mi hijo de apenas un año y medio de edad. Me mira y se ríe. No entiende lo que acaba de pasar. Yo tampoco.
Recorro el vasto y rico vocabulario español y no encuentro una palabra que refleje mi estado de ánimo como hincha de River. Impotencia se aproxima en algo, pero queda exageradamente insuficiente.
Lentamente, la insoslayable tristeza deportiva va quedando atrás y va dando paso a algunas reflexiones… Reflexiones deportivas como extradeportivas.
En cuanto a las deportivas, poco puedo agregar a la ya expresada opinión de los expertos. Este equipo de JJ no fue el peor River de los últimos tres años. Pero fue un equipo carente de identidad, a la deriva cada vez que estuvo en desventaja, y con, por momentos, pavor de salir a buscar un partido. La creciente falta de confianza repercutió en la escasez de goles. No recuerdo haber visto a un River que le costara tanto convertir.
 El partido con Belgrano fue un reflejo de lo que fue River en el campeonato. Miedo de ganar, bloopers cercanos al arco propio aprovechados por el rival de turno,  tibias situaciones de gol que no se concretan, cambios inexplicables.
En cuanto a los arbitrajes, creo que son anecdóticos. Quizás ayuden a que se termine con el discurso del favorecimiento a los clubes grandes.  El penal que no cobró Pezotta fue el penal no cobrado más grande que vi en mi vida (luego de la jugadora de Guinea Ecuatorial), más allá de la mancha en el penal que sí cobró, en un momento abismalmente distinto del partido. 
La última reflexión deportiva que quiero mencionar es al respecto del cambio de paladar de la gente de River. Gente que siguió yendo a alentar al equipo en esta época de vacas flacas. La época de las tribunas vacías en los campeonatos en que River salía cuarto o quinto, quedó atrás. Esta nueva versión del hincha de River aprendió a sufrir. Y deberá seguir aprendiendo, ya que esta historia aún no acaba. El peor error en el que puede caer River es creer que lo peor ya pasó. En el  piso está la puerta del sótano. River tiene que dar un cambio de dirección importante en el ámbito institucional. Mientras se sigan echando la culpa entre actuales y anteriores, el tiempo pasa y las tragedias deportivas se acumulan…
En cuanto a las reflexiones extra deportivas, lo primero en lo que pienso es lo que sucedió en Córdoba, cuando unos inadaptados ingresaron a interrumpir el partido y agredir a los protagonistas. Ensayo un imaginario diálogo con mi hijo:
- Papá, por qué entraron esos señores a la cancha?
- Porque están muy enojados y quieren hacer justicia con sus propias manos.
- Y se puede hacer eso?
- No.
- Y por qué nadie hace nada?
- …
No tengo respuesta… Unos policías les piden gentilmente que se retiren del campo de juego. Me da vergüenza como hincha de River, como argentino, como ciudadano y como hombre. Nos cansamos de hablar de los derechos humanos, pero nunca hablamos de los deberes. Uno de ellos, algo olvidado hoy, es cumplir la ley. 
Continuando con las reflexiones, ese mismo día me tocó ver la final de la Libertadores y el posterior escándalo entre jugadores e hinchas. Me tocó ver también las finales de la NBA y de la Champions. Alguien puede decirme que Dwyane Wade no estaría furioso, o que LeBron James no se moría de impotencia? Rooney no estaba enojado? 
Qué nos pasa que no sabemos perder? Creo que parte de la respuesta está en que tampoco sabemos ganar. El respeto en la victoria es tanto o más importante que la hidalguía en la derrota. En nuestro país, se volvió más corriente el goce al rival por encima del festejo personal. El tocar el cielo con las manos al ganar una Libertadores no alcanza. Hay que reflejárselo en la cara al rival para regocijarse con su sufrimiento. Otro lamentable componente de lo que se llama el folklore del fútbol…
Lo miro a mi hijo y se ríe. No entiende nada. Qué bueno. Qué triste. Qué tarea me espera. Trataré de estar a la altura de las circunstancias.


domingo, 4 de julio de 2010

El todo es más que la suma de las partes

Me costó dejar atrás la bronca y la amargura luego de la dura derrota. La ilusión que me había hecho en forma gradual, fue devastada en noventa minutos. Reducida hasta no quedar ni el mínimo recuerdo.


Ya me empiezo a cansar de ver a los jugadores llorando luego de la derrota. Muchachos: antes de llorar, tenemos que acordarnos de jugar. De aprender a ganar partidos decisivos. Partidos que no se ganan solo en 90 minutos. Esos minutos son los determinantes, sí, pero hay muchos más minutos en los que se forma un equipo y una idea de juego y que tienen lugar los meses o años previos a esos partidos decisivos.

Hoy me saqué la camiseta y he intentado buscar explicaciones futbolísticas de lo que pasó. Intentaré repasar algunas cosas que me dejó el partido.
Empiezo por lo que pareciera ser lo único que importa: el resultado. ¿Fue justo? Definitivamente no. La goleada fue excesiva y el partido pudo haber sido distinto si los alemanes no se encontraban con ese rápido gol, o si Argentina hubiera podido empatarlo en "su" momento en el partido. Pero creo que si este partido lo jugamos diez veces, lo perdemos ocho.

Entrando un poco más en el detalle del juego, creo que Alemania fue un justo ganador. Fue mucho más contundente y fue dueño del partido durante más tiempo. Incluso en los momentos que tuvimos la pelota, no pudimos generar ninguna jugada neta de gol (llamo jugada neta de gol a la que tuvoKlose en el primer tiempo y que dilapidó desviando el remate por encima del travesaño; no cuento ninguna situación de esta claridad para Argentina).

¿Por qué nos superaron? Encontré varios motivos, pero creo que los princiaples motivos fueron dos: la falta de presión nuestra y el exceso de presión de ellos. Este aspecto tiene su mayor determinación en el mediocampo. Coincido con Bianchi en que el secreto de los partidos está en la mitad del campo. Con un buen medio campo, los defensores se pueden lucir más y sin dudas que los delanteros van a tener mejor calidad de pelotas. Argentina marcó todo el mundial a 5 metros del jugador rival. El problema de marcar tan lejos es que se le da al rival dos o tres segundos para que controle la pelota con tranquilidad y le dé luego un destino seguro. Esperar al rival no es una opción en el fútbol de hoy. Se puede jugar un poco más retrasado (el Inter de Mourinho), pero cuando el rival cruza la mitad de la cancha no se le puede dejar que tenga cinco metros a la redonda para decidir qué hacer.

Argentina nunca supo resolver este aspecto del juego. Mascherano jugó tan atrás que nos perdimos su mejor versión, esa que le come el hígado al rival y no lo deja pensar. Maxi Rodríguez fue una sombra de aquella versión con ida y vuelta, con marca y llegada. Contra México terminó jugando de cuatro... Di María me gustó, pero claramente al hacer un recorrido tan largo y marcando tan lejos, el desgaste termina diluyendo su clase y potencial futbolístico.

Fallamos decisivamente en este aspecto del juego. Nos pasó en el inicio del segundo tiempo con Corea, pero los coreanos erraron su oportunidad de empate. Nos pasó todo el segundo tiempo contra México, pero los mexicanos no tuvieron demasiadas ideas. Nos pasó con Alemania. Y Alemania, que no es México ni Corea, nos mandó a casa. Darle espacio a Schweinsteiger, Muller y Oezil para que manejen los hilos del partido es suicidarse.

Como contrapunto, los alemanes ejercieron una asfixiante presión. Messi fue doble y triple marcado constantemente. Interrumpieron el circuito Messi-Higuaín-Tévez ocupando el espacio y no dejando pensar al receptor de la pelota. Cuando un argentino lograba dominar la jabonosa jabulani (algo que pareciera ser más complicado de lo normal) tenía una camiseta negra ya molestándolo.

¿Diego? Superó mis expectativas. Porque armó un grupo excelente y porque logró algo que no tuvimos en 2002 ni en 2006: contundencia en la red. Aunque, claro está, con esto sólo no alcanza. Me gustó de Diego que fue cambiando ante lo que le fue mostrando cada partido del mundial. Jonás no funcionó y lo sacó. A Verón le costó el ritmo y lo sacó. Acertó con los cambios durante el partido. Pero cuando más necesitábamos cambiar, decidió seguir igual. El segundo tiempo con México nos tendría que haber servido para darnos cuenta que así el equipo no funcionaba. Diego repitió el equipo y el funcionamiento fue parecido. Alemania lo explotó al máximo.

¿Messi? Tenemos que entender que Lio no es Diego. No juega de lo mismo y no tiene la misma personalidad. En el mano a mano es quizás más desequilibrante. Es casi imposible que pierda un uno contra uno. Pero no es el cerebro de su equipo. En el Barça, esta función se la reparten Iniesta y Xavi. En Argentina, lo hizo Verón cuando le tocó jugar, y nadie cuando la bruja estaba fuera. Alguien que le quitaba al crack (Lio) la responsabilidad de tener que armar el juego en el medio y llevar la pelota por el piso hasta cerca del área. Hasta el lugar donde Lio es determinante. Donde su gambeta lastima, generando peligro o tiros libres cerca del área (aunque no pateamos un sólo tiro libre con peligro en todo el mundial). Creo que Artentina sintió la falta de la bruja, el único jugador de estos 23 que demostró que podía ser el “lector” de los partidos (el papel que todo equipo necesita para corregir y entender qué es lo que el partido sigue). Pastore quizás pudiera hacerlo, pero es algo inocente e injusto pretender que en sus primeros partidos en la selección sea el dueño del equipo... Lio, contra Alemania y México terminó arrancando desde la mitad de la cancha. Es demasiada la distancia que hay que recorrer y los rivales que hay que superar.

Si me apuran, creo que Lio hizo un buen mundial. Siento que no lo aprovechamos al máximo.

¿Los delanteros? Higuaín mostró su frialdad y categoría, aunque no hizo ese gol que el equipo necesitaba en el momento más decisivo. Tévez aportó su lucha y un verdadero golazo, aunque me parece que la selección necesita de él más que trabar y pelear. Para trabar y pelear lo podemos poner a Mercier. Milito jugó poco y minutos “de relleno”. Ídem para el Kun. Mención especial para el Loco, que puede ponerle una cucarda más a su riquísima carrera y a su vida de película. Tengo que reconocer que me emocionó su gol…


¿Atrás? Romero no se comió ningún gol, pero tampco sacó ninguna imposible. Le dijeron que rebote la pelota con los puños e hizo eso. Me hubiera gustado que transmitiera un poco más de seguridad. El gringo Heinze fue el mejor de todos abajo. Además de mostrar solidez, contagió energía. Demichelis anduvo mal, aunque paradójicamente jugó su mejor partido en el 0-4. Me quedé con ganas de ver más a Samuel. Nico Burdiso siempre cumple. El puesto de lateral derecho fue un karma para este equipo. Diego, en serio: Garcé al mundial y no Zanetti? Podemos discutir si te gusta Cambiasso, Gago, Lucho, Lisandro López, D'Alessandro o Banega. Pero en un lugar donde ya se vislumbraban problemas, creo que no tuvo sentido la decisión de excluir a Pupi. Si lo llevabas como jugador 23, lo ibas a terminar poniendo ante los problemas evidentes que tuvimos en esa punta en todos los partidos (menos contra el pobre equipo helénico). Otamendi (quien creo que puede tener un enorme futuro en la selección) sufrió el partido con Alemania. En general, flojita la defensa, sí. Pero para mí, el problema estuvo en el medio.


¿Fracaso? De ninguna manera. Hicimos un buen mundial y, a diferencia de hace cuatro años, perdimos contra un equipo que nos superó. Hace cuatro años perdimos porque no tuvimos la decisión de ir a buscar el partido (¡¡los alemanes tenían papelito para los penales!!). El sábado pasado perdimos justamente ante un equipo mucho más sólido que el nuestro. Sin figuras rutilantes (todos sus jugadores juegan en la Bundesliga). Sin un técnico mediático. Pero demostrando que el todo es más que la suma de las partes.